jueves, 24 de mayo de 2012

El espejo de la gris Doriana




La miraba y la amaba todos los días, aunque apenas sí nos encontrábamos algunos minutos en la mañana, y otros pocos al caer el día.

Esbelta, morocha, provocadora como una noche de estío aventada por los abanicos de un mar domado. Así era Doriana.

Sabía que me correspondía, porque cuando tenía tiempo, se embellecía frente a mí, pasaba horas y horas clavándome sus enormes ojos de almendra, me sonreía con largas pestañas, se desnudaba frente a mí y me mostraba, muy detenidamente, cada parte de su cuerpo. Incluso un día me había dicho: “Te amo”.

Pero en un momento nuestros encuentros comenzaron a ser demasiado esporádicos, y cuando nos veíamos, más bien fruncía el ceño y se palpaba algunas arrugas que le iban apareciendo alrededor de los ojos y de los labios.

Todo fue yendo cada vez peor. Hasta que hoy, apenas me echó la mirada, me dijo: “Te odio”. Y me escupió. 

ILUSTRACIÓN: Rocío D. Limón                  TEXTO: Santiago R. Bailez Chayé

domingo, 20 de mayo de 2012

La culpa es de Walt Disney



 
Hermanas, amigas, compañeras, camaradas:

En este ámbito tan propicio para el encuentro y para la reflexión, las invito a reanudar la lucha. Sí, la lucha por la reivindicación de nuestros derechos como sirenas. Milenios de avances y de conquistas de género están ahora en peligro. ¿Por qué tenemos que soportarlo? ¿Es justo que en unos pocos años perdamos lo conseguido en tantos siglos? ¿Qué somos, sirenas o mujeres débiles? ¿Una palabra de amor vale nuestro sacrificio?

Recordemos a nuestras heroínas, pero también recordemos que siempre hubo un hombre en el medio dispuesto a arruinar nuestros planes: Jasón o Ulises, cualquiera da lo mismo.

Sin embargo, lo peor es la traición de nuestros pares. ¡Maldita Ariel! ¿Hacía falta que resignaras tus características de sirena por el amor de un hombre? ¡Abajo, Ariel! ¡Vivan nuestras colas y nuestra maravillosa voz, aunque eso implique la soledad debajo del mar!

Entonces, la enfervorizada oradora miró a su público buscando los bombos y los aplausos de aprobación,  pero en cambio vio que ya nadie la acompañaba.

ILUSTRACIÓN: Rocío D. Limón                       TEXTO: Adriana Santa Cruz

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Por qué tan coqueta?



¿Quieres saber cómo me hice estas cicatrices?

Mi novio era un mujeriego celoso, un psicótico en silencio, despiadado materialista. Tenía la costumbre de comprar una navaja cada vez que yo le sonreía a un hombre, o en cada oportunidad que reía a causa de alguna lisonja que me dedicaran. Él se sentaba en la cabecera de la mesa nocturna y me juraba que era casualidad, que coleccionaba navajas como cualquier hombre que se preciara de su hombría.

Un día llegó tarde; tenía la camisa afuera y la corbata floja en el cuello. Y él… me encontró sonriendo. Me pregunta: “¿Por qué sonríes?”, pero ese día ya no pude responder. No sabía por qué sonreía, y entonces reí, reí a causa del miedo. Él golpea la mesa y frunce el ceño, y farfulla: “¿Te ríes de mí?”. De pronto abandona la habitación y regresa con una navaja, la mirada desorbitada y la respiración estruendosa.

Así es que me toma del cuello, mete la navaja en mi boca y, echándome su aliento ebrioso, me dice: “si tanto te gusta coquetear, mi amor, te regalaré una sonrisa eterna…” y tajea una vez.

Da media vuelta y quiere escapar, pero la navaja quedó en la mesa. Entre sangre y lágrimas la tomo entre mis temblorosos dedos, y alcanzo a balbucear: “Y gue ´on mi al´a ´uera ´i ri´a”. Y en un suspiro, antes de respirar otra vez, me abro el cuello.  

Relato inspirado en el personaje "Joker", de Christopher Nolan.

ILUSTRACIÓN: Rocío D. Limón                          TEXTO: Santiago R. Bailez Chayé

miércoles, 2 de mayo de 2012

La flaca triste



Como cualquier persona, había nacido natural, llorona, risueña, libre. En una habitación con rincones iluminados y con rincones oscuros; fría junto a las ventanas que daban al mundo, pero tibia bajo las mantas de la cama o junto al sistema de calefacción que había encendido el padre.

Fue cuando daba los primeros pasos de su adolescencia que la plaga de cámaras, celulares, televisores y computadoras se coló por debajo de la puerta. Empezó con un teléfono muy fino que succionaba el alma de las gentes para esparcirlas por el ciberespacio, y pronto estuvo en sus manos sin que ella atinara a reacción alguna.

Fue el principio del fin. A partir de la infección, un hoyo fue abriéndose en la puerta, y a través de la herida: males tales cual una notebook, una cámara y una pantalla gigante de televisión ocuparon la cama, el lugar junto a la ventana y los rincones luminosos.

Y poco a poco, mientras sus fotos iban derramándose en las redes sociales, fue perdiendo su alma. Hasta que un día ya no pudo sonreír, por más que el fotógrafo, entre lágrimas, le rogara una sonrisa y buscara en sus ojos vacíos algo de lo que ella había sido cuando vivía en la realidad. 

ILUSTRACIÓN: Rocío D. Limón             TEXTO: Santiago R. Bailez Chayé
Para quienes estén interesados en adquirir las obras de Rocío D. Limón, contactarse al mail: roziolimon@gmail.com

Para quienes, en cambio, estén interesados en servicios de corrección literaria o académica, o en servicios de redacción, contactarse al mail: sanbc@live.com